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La luna

‘¿Cómo se llama eso que está en el cielo de noche ? De día es el sol, ¿de noche… ?’ La mujer me mira y sólo cuando le respondo, retoma el hilo de su discurso. ‘Eso que lleva ahí –señala mi colgante- parece una luna’. Estamos sentadas una frente a la otra en los asientos naranjas del Metro. Venía al parecer hablando con el señor que estaba sentado al lado mío y a quien oí anunciarle amablemente que bajaba, y despedirse. Eso fue hace un par de estaciones. Ahora comprendo que el hombre no la conocía más que yo, que la mujer habla con toda persona que se le pone delante. Su actitud, sin embargo, lejos de molestarme, me apacigua. Es quizás el tono melodioso de la voz, el ritmo lento buscando las palabras para contar una historia que parece preocuparla, o acompañarla, pero de la que no logro desentrañar más que frases sueltas, una casa, alguna persona en esa casa. Tendrá unos ¿sesenta ? años. Lleva el pelo corto y sin gracia. Mira a los ojos cuando habla con expresión a la vez inocente y ca...

ideogramas

a diferencia de nuestro alfabeto, doblemente arbitrario ante lo que nombra -una primera vez arbitrario porque nada hay en el dibujo de las letras, salvo quizás la o, que se parezca al sonido representado, y una segunda, porque del trazado de cada palabra , mera adición de fonemas, podemos aún menos deducir de qué se trata-, la escritura china representa lo que significa. el chino, los chinos, dibujan cada palabra y cada dibujo o ideograma es la síntesis de un concepto. a lo largo de los siglos, de los milenios, un primer dibujo de un hombre o una montaña o un río o un árbol en particular ha ido evolucionando hasta llegar a ser todos los hombres o todas las montañas o todos los ríos o todos los árboles, de modo que cuando alguien lo mira sabe, sin que medie la reflexión, que es un hombre o una montaña o un río o un árbol. y no sólo eso, sino que también sabe qué es un hombre o una montaña o un río o un árbol. lo sabe porque el ideograma logra sintetizar los rasgos que hacen que un hom...

a oscuras

la puerta se cierra sola con un clac y quedo sumergida en la oscuridad y el silencio. no enciendo la luz, apoyo el grabador sobre la mesa y respiro hondo mientras me dejo llevar por la fantasía de un viaje espacial. todos esos testigos y números encendidos en la pared de la izquierda han de ser el tablero de mandos de una nave, o estrellas, azules o rojizas, naranjas, que brillan en la noche. de la ventana llega un resplandor que sugiere las siluetas de los muchos grabadores, videos, radios, equipos y aparatos diversos que se apilan en estanterías hasta el techo. el técnico ha der ser feliz en esta sala, así, a oscuras, sintiéndose comandante secreto de una misión intergaláctica. también yo me estoy yendo a las estrellas. afuera, lejos, han quedado las clases iluminadas, las conversaciones, los corredores y las escaleras donde el eco multiplica las voces. ¿cuántos segundos dura el encantamiento ? sin el grabador, vuelvo a la puerta. con la luz que se cuela al abrirla desaparece el efec...

la soledad de Maradona

en el patio de su casa un chico sueña que todos lo quieren el amor de los otros es tan grande que lo lleva en andas por las calles es feliz siente -cree- que su corazón está abierto a todos los hombres que todos leen en él la inocencia la confianza el amor transparente la soledad del chico en el patio es la de piaf en escena la de maradona en la cancha una entrega sin límites un vuelo una respiración inmensa dar todo lo que soy porque amo indistinta e infinitamente es más tarde que cae inexorable el analista que destripa el fenómeno la raya que limita la frontera que hiere la soledad que en torno a él se cierne un cerco un hasta aquí la piel que es el límite del cuerpo el chico que desplaza multitudes y montañas descubre que en última instancia más allá del vuelo y de la entrega está solo

instantánea

cuatro hombres posados en el tejado de la casa de enfrente. no puedo evitar mirarlos de reojo mientras, sentada en el sillón, el mismo en que se sientan los chicos a ver televisión, el mismo en que más de una vez he besado, recito el mantra de siempre. son jóvenes y guapos y, aunque estén arreglando el techo, parecen estar bailando una coreografía postmoderna con un bajo cielo nublado como telón de fondo.

vasos comunicantes

penélope encuentra en el tejido el modo de esperar de hacer de la espera materia pretexto de sabiduría la espera no es vacía está colmada de todo el bien todo el amor de ella por ulises la espera certeza absoluta de su cuerpo crea en ella la textura de la entrega la concavidad del recipiente colmada ella -vaso- del amor infinito de ulises da a otros comunica lo que de ella rebalsa y se derrama verde y olorosa savia ascendiente en la confianza multiplicadora del gesto esencial del único a quien ella en su corazón llama hombre trama modo de estar constancia creadora es la espera de penélope

91

« la verdadera mision del escritor moderno es recoger en lenguaje fácil y sencillo trozos de la vida diaria, los grandes y pequeños acontecimientos… » Juan Rulfo (leído hoy en un artículo que me prestó Ana) Estoy en Louise esperando el 91 que no viene. He decidido ir a dejar mi curriculum en mano pues mañana es el último día y voy a Uccle a eso. Acaban de pasar cuatro tranvías 94. Una mujer mayor, más de 70 seguro, pantalones, pelo corto naranja, ojos azules, me mira para comentar el hecho ‘quatre...’ y casi enseguida enlaza ‘je vous ai déjà vu’. ‘Oui… ?’ ‘Oui, vous prenez parfois le tram.’ ‘Pas très souvent.’ ‘Non, pas très souvent. Mais je vous ai déjà vu. Je suis très physionomiste. Vous parlez espagnol.’ ‘Oui’ ‘Vous êtes latino.’ ‘Oui, je suis argentine.’ ‘Argentine !,’ la exclamación es enorme. ‘Mi país, mis raíces. Mi abuela era argentina,’ cambia automáticamente a un castellano con acento pero fluido. El 91 está por fin llegando, nos acercamos, subimos, logramos sentarnos una a...